HABÍA UNA VEZ…

Desde niña soñé como la mayoría lo hemos hecho seguramente, con tener una familia grande, fuerte, pero sobre todo firme y unida y que se mantenga a pesar de… los vientos, las lluvias y las tempestades. Las marcas que pueden ser forjadas al interior del hogar y especialmente en los primeros años de la vida, son inimaginables. Lo que vemos, escuchamos y lo que hacemos, marcará sin duda lo que llegaremos a ser. Decidí en mi corazón que ser mamá es un propósito eterno, que es indelegable, que cada hijo es único y que hay que construir un camino seguro, recto para que ellos puedan transitar por la vida. Conocimos al Señor, y entendimos a través de la Palabra que cada interrogante y cada desafío tiene una respuesta; pero que no es suficiente encontrarla o decirla, hay que vivirla, transmitirla y hacerla cotidiana en medio de las rutinas del hogar. Iván Camilo, Juan Sebastian y Santiago crecieron escuchando la Palabra y melodías de alabanza y adoración. Aprendieron a amar la lectura, a ser muy organizados en sus cosas y a guardar su corazón como el más preciado de sus tesoros. Hemos tenido momentos maravillosos y algunos muy difíciles, hemos enfrentado juntos la enfermedad, la muerte, la escasez, pero hemos permanecido por la Gracia de Dios.

 

Hoy me siento feliz de ver que ese mismo sello está siendo grabado en el corazón de Ezequiel, Mariana y Emanuel, nuestros nietos.

Susanna Wesley fue una mujer Inglesa (1669- 1742) cuya influencia ha tocado muchos rincones del mundo. Fue la menor de una familia de 25 hijos, creció en medio de un hogar creyente. Aunque no recibió educación formal aprendió de su padre y sus hermanos a leer y tenía un conocimiento admirable. A sus 19 años se casó con Samuel Wesley, quien pasaba mucho tiempo fuera de la casa, Ella asumió la responsabilidad de educar a sus hijos prácticamente sola. Tuvo 19 hijos aunque 9 de ellos murieron en los primeros años de vida. Esta valiente mujer a pesar de tener tanto trabajo en su hogar, siempre encontraba el tiempo para dedicarle un momento exclusivo a cada uno de ellos, también pudo darles un excelente educación tradicional y bíblica a todos. Aunque en esa época la educación para las niñas era limitada, ella enseñó a sus hijas exactamente lo mismo que a sus hijos.

 

En una casa llena de niños, donde era difícil encontrar un lugar tranquilo, ella pudo tener como prioridad su relación con Dios, y cada día dedicaba dos horas para tener comunión con el Señor y para leer Su Palabra. Tomaba su biblia, buscaba su silla preferida y cubría su cabeza con un delantal. Todos en casa lo sabían y no la interrumpían a menos que fuera una emergencia. Los domingos en la tarde enseñaba la biblia a sus hijos, pero su conocimiento y la habilidad para comunicar hizo que muchos quisieran asistir a sus estudios familiares, dos de sus hijos Charles y Jhon revolucionaron el cristianismo gracias a la formación que recibieron en casa.

 

Establecer la comunión con el Señor como parte de tu vida de una manera genuina, visible y práctica, será el mejor ejemplo para tus generaciones. La lectura de la Palabra, el tiempo específico para cada miembro de tu familia y el amor de Dios hará que seas esa mujer sabia que edifica su casa. Recuerda que somos mujeres de Influencia.

 

Pastora Claudia Wilches

Versículos de estudio:

RETO:

  • Establece una ruta de oración personal y una familiar.
  • Ten una cita quincenal por lo menos con cada uno de tus hijos, un momento especial para oirlos y enseñarles principios de vida.