CONVIERTE TU CRISIS EN BENDICIÓN

Hace 21 años Dios nos dijo, salgan de su tierra y de su parentela y vayan a otra ciudad que les mostraré. En pocas semanas salimos hacia nuestra tierra prometida – Durango, México. Partimos con sueños grandes y dimos inicio a una iglesia la cual pastoreamos; hablábamos con mi esposo de envejecer y servir a Dios juntos cumpliendo el llamado que Dios nos había dado como familia.

 

Cinco años atrás vivimos el día que nadie espera; mis hijos y yo recibimos la noticia de la muerte inesperada y de forma inusual de mi amado esposo. Recibir tal noticia fue muy doloroso y perturbador, no sabía cómo orar, ni qué pensar, sentí que todo se derrumbaba; durante varias semana tenía la sensación de que caminaba sobre las nubes…, porque no encontraba un piso estable donde hacerlo, sentía vivir la vida en cámara lenta. Derramé muchas lágrimas, pero aprendí a derramarlas delante de Dios quien trajo un verdadero y profundo consuelo, luego comencé a experimentar una fuerza sobrenatural descubriendo de una manera nueva quién era Dios para mis hijos y para mí; Él me ayudó a no rendirme. Lo experimenté como mi Esposo, el Padre de mis hijos, mi Guía, mi Maestro, pues aprendí a tomar dosis mucho más grandes de Su Palabra, la cual trajo una nueva naturaleza y una nueva dimensión de fe; empezamos a ver Su Mano obrar en todas las áreas de nuestras vidas. Conocimos que Sus planes y pensamientos para nosotros son mucho más altos y más grandes que los nuestros.

 

Ahora puedo decir, “Bendita crisis que me hizo crecer y depender de Él”. El dolor empezó a convertirse en una gran bendición, y aunque extraño a mi esposo, aún así, puedo decir Gloria a Dios por ese día que transformó mi vida y la de mis hijos, ahora disfruto ser esa pastora que Dios pensó que fuera. El LEGADO QUE MI ESPOSO DEJÓ, lo llevamos a cabo como familia, creyendo que Dios nos trajo a esta tierra para dejar una huella profunda, predicando el precioso evangelio de nuestro Señor Jesucristo a esta Generación.

Me impacta mucho la historia de una mujer llamada Elizabeth Elliot aunque nacida en Bruselas creció en Estados Unidos. Inspirada por el trabajo misionero de sus padres quiso seguir sus pisadas y comenzó a estudiar griego en la Universidad anhelando un día poder traducir la Biblia de manera sencilla a dialectos desconocidos y llevar la Palabra aquellos que no tenían la oportunidad de Leerla.

 

En la Universidad conoció a Jim Elliot el que fue su esposo en 1953 en Ecuador. Tres años más tarde él fue asesinado por una tribu peligrosa indígena a la que él trataba de evangelizar. Dejando a Elizabeth viuda y con una pequeña bebé. A pesar de esta dura experiencia Elizabeth NO SE RINDIÓ, cuando todos esperaban que regresara, ella decidió quedarse en esa tierra hasta que pudo predicar a esta tribu, demostrando un Amor genuino por ellos. Su vivencia, y dedicación como misionera dejó una referencia de lo que Dios puede hacer en medio del dolor: Convertirlo en bendición.

 

Así como ella fue de inspiración para muchos, tú también puedes serlo e influenciar a miles de mujeres, si aprendes cómo responder en momentos difíciles de crisis y dolor.

 

¡PERMITE A DIOS SANAR TU CORAZÓN! Entrégalo todo como Elizabeth, hacerlo te permitirá ayudar a quienes lo necesitan.

 

Pastora Silvia Howard

Versículo de estudio:

RETO:

  • Si estás en un tiempo de crisis o dolor, permite que El Espíritu Santo inicie ese proceso de sanidad en tu corazón.
  • Rinde todo a Dios y refúgiate en Él.
  • No trates de entenderlo todo, pero ten la certeza que si le amas, Dios lo usará para el bien de tu vida.
  • Sumérgete en la oración y en la Palabra, que ésta sea tu medicina. Toma mayores dosis; mañana, tarde y noche.