Dia 6
April 27, 2018
Dia 8
May 2, 2018

“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.”
(Jeremías 1:5)

Dios levanta a Sus siervos en momentos específicos, para confiarles responsabilidades específicas, con unciones específicas. Jeremías fue llamado al ministerio en el momento de la deportación de Jerusalén. Dios sabía de antemano el ministerio que desarrollaría el profeta, ya había pensado confiarle un ministerio antes de su nacimiento, pues sólo una persona como Jeremías podía hacer lo que Dios había planeado. Jeremías había sido elegido, separado y ungido como profeta a las naciones.

Algo similar sucede en la actualidad, pues cada una de nosotras, las que hemos creído en Jesús, vinimos a este mundo con una misión específica. Pablo dijo que Dios nos escogió en Jesús, nos redimió, nos santificó, y nos reveló Su voluntad, para que cumpliéramos Su propósito en este mundo. “¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño” (Jeremías 1.6). Jeremías sintió que no tenía la madurez suficiente para tomar la gran responsabilidad que se le estaba asignando; más Dios lo alienta diciendo: “No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte” (Jeremías 1.8), y con ello quería que comprendiera que las batallas espirituales Dios las pelearía por él. Luego le dice que sea fiel en comunicar todo lo que le decía, puesto que Él le daría el denuedo para que fluyera en la palabra. Nota que para Dios era importante que fuera fiel en todo lo que le decía.
La palabra de un profeta está cargada de poder, su boca es como la boca de Dios, y tiene la habilidad de mover la esfera espiritual, haciendo que legiones de ángeles tomen esa palabra y trabajen a fin de que ésta se cumpla. Esta Convención hará de ti una Profeta de Dios.

 

 

 

Revisa si la mayoría de tus palabras son positivas o negativas, si aún en tu vocabulario hay palabras negativas determínate a cambiarlas por palabras de bendición.

 

 

 

Escribe 5 declaraciones que digan lo que Dios hará en tu vida durante nuestra Convención de mujeres, y repítelas antes del desayuno, el almuerzo y la comida.

 

 

 

Señor Jesús, muchas veces me he sentido como Jeremías, que soy una niña, algo pequeño; pero hoy me levanto a declarar y creer cada una de las Palabras que has hablado sobre mi vida. Creo que me has llamado a ser Tu voz en esta tierra. Te amo Dios. Amén.

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